El camino se abría ante él. Como si estuviese esperandolo todo este tiempo, era la primera vez que posaba su vista sobre aquella senda, la primera vez que sus pies notaban esa graba pero sentía, sabía con certeza que ese camino ya lo había recorrido, cada rama, cada hoja, todo era familiar y el razonaba y por mucho que lo hiciese sentía dar los mismos pasos, esquivar las mismas rocas, cerrar los ojos ante los reflejos del sol en los cristalinos charcos, reconocía ese olor, recordaba la sensación de la ligera brisa que se escapaba entre los multiples arboles de aquel robledal, pero no podía ser.
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Sabía el final de aquella senda pero seguía caminando, disfrutaba de la belleza del momento desaconsejado por sus sentidos que sabían como acabaría todo pero alguien racional no se deja amedrentar por sentimientos infundados, el no había pisado nunca esa grava, el nunca esucho a aquellos pajaros ni sintio ninguna brisa, no paseo a la vera de tan majestuosos arboles y nunca llegó a ningun final.
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Cada paso requería otro esfuerzo, uno mayor que el anterior, pensaba que sus respuesta estarían al final del camino, pero sentía que debía volver atrás, que cuando acabase el camino no habría un gran final, una larga charla o una gran bombilla iluminando su cerebro, tampoco un libro de instrucciones, solamente llegaría al fin de ese maldito camino, el caul ya habia recorrido, ya había experimentado, disfrutado y también perdido. La pena es que al hombre racional los sentimientos no le dicen nada, los impulsos se acallan en el subconsciente, pues el instinto es lo que hace animal al animal y la razón la que hace hombre al hombre, en aquello era lo que creía, asi le educaron, así creció y vivió cada momento de su vida.
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Se acercaba el fin y su cuerpo no quería avanzar, pero la mente puede al cuerpo, para eso se había entrenado toda la vida, todo era inutil ante el poder de la razón, un giro más, otra rama, otro charco, recordaba pero negaba, otro paso y seguía sabía que había, estaba esa certeza, pero seguía avanzando, paso a paso, vivió sin sentir y al final del camino murió el hombre, la razon falló y solo quedó la bestia, la cual como castigo por llegar volvió a ser encarcelada en otro hombre, que algún día volvería a ese camino y seguiría sin escucharle, pues la razón mata a todo lo que tenemos dentro y no podemos controlar.
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Y así la bestia continuó gritando sola para toda la eternidad.