sábado, 12 de septiembre de 2009

Pensamientos de Centinela

Tiempo, es lo unico que nunca le faltaba y se lo habían pedido amablemente, pero ¿Como podría darles su tiempo? ¿Que podrían querer de él? Resultaba extraño, pero aunque no podía darselo tal vez no se refiriesen a ello, así pues espero a que se dieran cuenta que no podía darles su tiempo.
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Seguía pasando delante de sus narices pero parecía que ellos esperaban algo, tal vez que agarrase el tiempo que los movía y lo atesorase para que ellos lo usasen a su antojo, tal vez alguien podría, él no. Con el tiempo empezo a pensar en quien podría dar el tiempo, quien tiene el poder sobre él y solo se ocurrio que aquel que tubiese el tiempo para siempre podría desprederse de él o ¿Tal vez sería lo contrario? si vives ajeno al tiempo, si vives antes del tiempo ¿No sería algo que no está en tí? ¿No podrías interactuar con él al estar separado de lo que eres y lo que fuiste? Puede que tal vez o... puede que no.
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Entonces recordo algo, lo cual se adentraba en sus recuerdos más antiguos, cuando el mundo era viejo y sus habitantes jovenes, cuando conocio al tiempo en persona, agradable encuentro lleno de interesantes charlas sobre temas que hace tanto olvido y que tan poco le interesaron en su día, pero tenía un nombre... Era Guardian, el guardian del tiempo ¿Tal vez el señor? ¿Protector quizá? tenía un titulo, eso seguro, y era el ser más extrano que nunca conoció, un ser de contrastes. ¿Que habrá sido de él? Tal vez lo volveria a ver algun día y le pediría que le enseñase a atesorar el tiempo para poder darselo a alguien cuando te lo pide.
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Cuando los hombres con los que se vino a entrevistar volvieron a entrar en la sala esperó que no aguardasen expectativas con el tiempo, tendrían que hacerlo ellos mismos.
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domingo, 6 de septiembre de 2009

El preludio de la luz

Era un honor, un insignificante servidor como él nunca habría pensado poder acercarse tanto, llegar tan cerca, ahora, cuando el mundo se caía a pedazos. Todas las penurias que habían pasado se acabarían ahora que había llegado.
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Camino sin fijarse en las enormes habitaciones que en un tiempo habían sido las estancias de su dios, que habían albergado su fulgurante luz y poder. Se adentró en el templ y observo el lugar donde primera vez había llegado y por el cual volvería, para poner fin a esa profecía, para acabar con el fin, para restablecer la balanza, para terminar con los primeros.
Mientras más se adentraba en aquella derruida sala más notaba lo que estaba por acercarse, ni siquiera el primer protector entro nunca allí, habían pasado más de 2000 años desde que aquellas salas se usasen por ultima vez tras la ascesion de su señor, su vuelta al origen.
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Esperando la llegada de su dios rezó y lloró por aquellos de sus hermanos que cayeron por el camino y por los que no conocía su situación actual, a aquellos les pedía que no flaqueasen, y entre sollozos enviaba un mensaje de esperanza, nuestro legitimo señor tomará esta tierra a la fuerza y reclamará su reino, pasando a sangre y fuego a los indignos.
La sala empezó a temblar, llegó el momento.
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Las sacudidas se hicieron más fuertes y allí donde una vez hubo un altar ahora había una fisura, el aire se abría dejando pasar un luz cegadora, el poder de la perturbación hacía que la cupula empezase a perder integridad, mientras, una mano salía de la luz abriendo por la fuerza esa rotura en la realidad. Era una mano blanquecina, que emitía una agradable luz, una mano perfecta, la mano de un dios. con paso decidido atraveso la fisura, llevando la luz consigo, una luz tan potente como la de un sol. Ante su sola entrada el techo vibró y con un solo movimiento de su mano hizo que la cubierta saliese volando y dejase al descubierto el edificio.
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El poder que emanaba de él, era tal que el sirviente tenía que luchar por mantener el aire en sus pulmones, cuando consiguió reunir suficiente fuerzas como para alzar la cabeza observo su perfecto rostro coronado por seis cuernos lisos y perfectos, sus ojos de fuego y el sol en su espalda, era muy alto y su rostro, que desde tan alto lo miraba trasmitía paz. De subito, el agujero se ensanchó y de él empezaron a salir multitud de seres, llegaban los soldados de su dios y con lagrimas de puro extasis solo pudo emitir 3 palabras:
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Alabado sea Shamash

sábado, 5 de septiembre de 2009

La llegada de los primeros

Esos ojos verdes se abrieron por primera vez en mucho tiempo para ver como el mundo había cambiado, un cielo naraja le devolvía la mirada, una tonalidad que especialmente le irritaba, se preguntaba que había sido de las estrellas que nunca se cansaba de admirar. Notaba el suelo duro a su espalda, del que emanaba calor, y un extraño aroma ¿donde estaban los campos? ¿donde las verdes y comodas praderas? añoraba el olor de la hierba mojada y su tacto en la piel, pero allí todo era seco y duro, feo, sin vida.
Notaba una extraña sensación en su pecho, tenía algo ahí clavado, intentó agarrarlo, pero el no era quien controlaba ahora el cuerpo.
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El antiguo dirigió el cuerpo y se despredió del puñal que había matado al huesped y le había liberado, un torbellino de voces pugnaron por tomar el control, pero con su autoritaria voz de mando las hizo callar. Era hora de levantarse y ver el nuevo mundo en el cual se encontraba, buscó al posible responsable de su resurrección, pero se encontraba solo en aquel estrecho pasadizo de piedra, no había luces que indicasen el camino y parecía que no tendía un guía apropiado, iba a empezar a caminar cuando notó que alguien le agarraba y tiraba hacia el fondo, el antiguo intento mantener el control pero el coro de voces le devoro.
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Le excitaba la idea de moverse nuevamente, en este mundo nuevo, el explorador mandaba ahora, observó cada detalle, saboreo cada textura y olfateó el terreno. Era el especialista y lo demostró, con un salto se encaramó a la pared de piedra y se agarro de sus salientes y siguió escando hasta que domino la azotea desde la cual comprendío que ese no era su momento, y cedió el mando.
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El observador abrió los ojos y fué evaluando cada factor de la ciudad que se extendía ante sus ojos, había pasado much tiempo desde que despertaron y las cosas habían cambiado en exceso, así pues se dirigió al torbellino de la consciencia y dió el control primario al huesped, que pasaría a ser el guía, y compartiría el control con sus hermanos cuando fuese necesario, además de aconsejar una pausa a la hora de comunicarse entre ellos, pues el guía podría sentirse desorientado al saber todavía como escucharles a todos a la vez.
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Así pues el guía tomo el mando y abrió la boca dubitativa, se acercó a la cornisa que daba al callejón en el cual acababa de morir y emitió un profundo gito de angustia y dolor.