miércoles, 21 de enero de 2009

Cuento de arena

Año 396 a.C. Desierto del Sahara

La blanca luz del amanecer iluminó la cara de la joven cuando dejo ver su rostro al gentío allí reunido y provocó una gran conmoción. El caminante sombrío no había visto nunca a una joven parecida, su piel oscura tenía un tono dorado a la luz del sol, como si fuese una gran escultura de una diosa de los grandes señores del este, con su semblante serio y sin emoción, una pieza de incalculable valor que se mostraba ante ellos.
Nepsut era su nombre y su familia se encontraba vagando por el desierto desde hacía ya más de una decada. Había conocido a su hermano Antep en un oasis al este de donde se encontraban y habían llegado a un acuerdo, se unirían a su pueblo y para ello tendrían que mezclar su sangre, acordando que Nepsut se uniría con el caminante sombrío.
No había imaginado el poder y la nobleza que emitía, a los hijos de la luna se les olvidó comentarlo.

Esa esa la noche indicada para la unión, los sirvientes del sol se unirían a los sirvientes de la luna y para mostrar que seguían bajo el influjo de su azulada luz se sometieron a ella a medianoche, ofrecieron su carne y su sangre.
Los hijos se sintieron satisfechos, el caminante lo notaba en su carne. Despues de la humillación ante los poderes vino el momento de celebrar y unir su alma a la de su adorada señora.
Ya fuera de la vista de todos el camiante siguió con el rito, y, despojandose de su mascara de hueso y sangre, mostró su rostro a Nepsut. Ella, aún con sus modales y costumbres, no pudo evitar sorprenderse ante la cara de su nuevo compañero.

Así los siervos cambiaron de dueño y fueron devorados por el espiritu del desierto, errantes siervos de la luna.

sábado, 17 de enero de 2009

Relatos nubios

Año 409 Reino de Kush.

Nemor se encontraba ante el muro que partía la ciudad de Meroe en dos, se encontraba en la denominada ciudad real, el lugar donde se asentaba la vieja sangre nubia, tanto nobles como la famila real, así como los invitados de honor. Ese ultimo era su objetivo en esa fría noche sin luna, aprovecho el reducido numero de guardias debido a los problemas con las tribus nomadas que atacaban las regiones circundantes y así pudo llevar su carga a su destino.

Se coló en la residencia de invitados vigilando de no ser visto por guardias y sirvientes se adentró en una habitación en donde descansaba un hombre. Tenía un profundo sueño aquel egipcio, eso facilitaría el asunto. Se llevó las manos a una cesta de papiro la cual abrió a los pies del hombre. De ella emergieron cual muerte siseante tres cobras que reptaron hacia su victima. En el más excesivo silencio Nemor salió de la habitación dejando a sus amigas encargandose de ese odioso personaje.

Al llegar a la casa que había pertenecido por generaciones a su familia se encontró con otras figuras, los conjurados habían tomado partido, estaban hartos de la postura del rey Arikamaninote ante el problema del norte. A esos altivos egipcios pretendía ayudar, a aquellos que tanto le habían hecho sufrir a su pueblo en los tiempos de sus antepasados. Por eso ellos aunque no apoyaban a los persas querían que sus vecinos sufriesen bajo su yugo. Muerto el emisario egipcio su magestad no recibiría un importante mensaje que era fundamental para que la rebelión tubiese exito.
-Muerte al Norte.-
Ese fue el grito de la camarilla allí reunida.

A la mañana siguiente los rumores invadían la ciudad real, y de palacio entraron noticias y salieron guardias, directos a apresar a Nemor. Alguien le había traicionado de aquello no había duda. Reflexionó sobre quien ganaría con su deshonra mientras le llevaron a palacio. Cuando fué presentado ante la corte se vió claramente, uno de los conspiradores estaba más cerca del monarca ahora, subir en la jerarquía parece suficiente razon para ratas como esas que poseen sangre joven y mestiza.
-Asesinato, traición, muerte.-
Esas fueron las unicas palabras importantes de aquella tarde. Así pues instó a su familia a que dejasen Meroe pues corrían peligro de ser objetivo de los pro-egipcios y de otras ratas que buscasen un nombremás noble para sus descendientes.

Y así los hijos de Nemor nunca volvieron a ser vistos en el reino de Kush.