miércoles 26 de agosto de 2009

Oliendo a cloro

El asfalto sigue ardiendo aún a sol puesto, esperaremos a altas horas para poder pisarlo sin ser absorbido por él. Si, ya estamos en Madrid, es Agosto todavía y el mercurio se dispara, sentimos el cloro en los ojos y bebemos humo, en un instante puedes ver un pajaro ardiendo en llamas.
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Las brisas frescas que tanto escasean me hacen recordar sueños de verdes prados y solitarias cascadas en un lugar de ensueño en el que me perdí no hace mucho.
El sonido de ls coches de fondo a veces me lleva a un lugar con la constante corriente de un río, pero estos son de asfalto en vez de cantos y transporta acero y carne no agua.
Los chorros de la piscina me recuerdan a aquel sonido de agua cayendo que tantas convesaciones a altas horas ha acompañado.
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¡Ah! Curiosos los sentidos, te trasportan a lugares lejanos que al instante se esfuman ante la realidad. Pasearemos por los recuerdos algún día, y habrá sitios de los que no nos querremos ir, pero todo sigue y solo puedes esperar llegar a vivir algo mejor, llegará, de eso habra que asegurarse.
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Me despido entonces melancolico por el momento. Huelga decir que tanto como perdemos el tiempo, también nos perdemos en él.