jueves, 4 de junio de 2009

El legado de la luz

Rael Jyrsiraakal, primer protector, maximo representante de la Orden del Trono de luz, servidor directo de Shamash, y tercer hijo de Jano miro con aire ausente hacia la puerta que se abría ante sus ojos, solo una vez más, expieme maestro de mis pecados, a la vista del sol todos somos juzgados respondería, pero solo vos habreis de intercedernos seguramente el fiel pediría, cansado estoy de ello penso.
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Pero esta tarde las puertas le traían un nuevo caso, ¡Oh, Padre burlandose para luego agradecer! falso sentido tenían sus palabras, falto de cariño en juventud por falta de padre y guía, por falta de visión y de percepción.
Su diversión vespertina consistiría en lo especial de su proxima visita, espero que toque movilización penso, una entrada masiva de enemigos, algo por lo que mereciese la pena luchar, algo que tuviese el honor de ser destrozado bajo su poder.
Pero no parecía de ese tipo de visitas, solo una joven de plateados cabellos que seguro que tentaría a sus jovenes pajes, sangre pura en sus venas, lo olía, y una mirada con la que te perdías en un mar de niebla. Malvada vida que tan tardíamente habían encontrado tus hombre a una descendiente, maldita existencia de tratarla como mortal y como insignificante ser. Por supuesto veía más allá, recuerdo de los dones poseídos por su padre, que dominaba tanto el interior como el exterior del hogar, y para Rael, para nuestro excelentisimo primer protector, no había mayor hogar que la propia persona.
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Llegaba su heraldo, la dorada y pulida campana se disponía a hacer vibrar, llegará y presentará, una audiencia conseguirá y la tarde a mi me aburrira.
Si tan solo tuviese una guerra, una cruzada, una vía de sangre, una ayuda directa, dejaría de ser Rael el dador de Dones, para volver a ser el caballero Rael, Disipador de tinieblas, destructor de malvados, Espada de Shamash.
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¡Oh, padre! volved la vista a vuestro hijo, pues llegarán los tiempos de erradicar el mal.

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