En un café del centro había tres hombres sentados en una mesa, parecían estar hablando de algo intrascendente, uno de ellos, el alto y mejor vestido destacaba en la habitación, su ropa oscura, su piel oscura y una mirada brillante, ojos de un verde muy intenso, si estuvieses allí sentado incluso te parecería que cuando la puerta del café se abría y dejaba pasar la luz del sol su piel cojía un tinte verdoso, será que estoy cansado y me imagino cosas.
Ahora otro de ellos se reia, era joven y con unas pintas muy extrañas, su pelo era francamente inquietante, desordenado y largo parecía que tenía un montón de cuernos irregulares por su cabeza, pero el asunto es que su pelo tenía tres colores, estos jovenes, no saben ya ni teñirse el pelo, rojo, negro y blanco, mezclados de una manera caótica. ¿Y que me decis de las ropas? completamente zarrapastroso, camiseta grisacea con una escpecie de dibujo desgastado y con la mangas rotas, pantalones de cuadros rojizos y negros, botas negras y lleno de pulseras. No sabía que le molestaba más del joven, si su apariencia o la manera en la que se sentaba en la silla, estos jovenes...
El resto del café no parecía encontrar extraña la pequeña reunión de esos extraños, no le prestaban atención o no les alarmaba, hay que ver, a esta gente no se le puede dejar pasar desapercibida, no son de fiar. Mientras cavilaba, el tercer hombre se incorporó a la conversación, cuando él hablaba los otros dos parecían prestarle una gran atención, como algo solemne. ¿Que tendrá de solemne ese hombre? Era un hombre como encontrarías cientos en la calle, pelo corto y castaño, piel un poco bronceada, ropajes marrones un poco sucio, lo cual le daba ya mala imagen, sin añadir a esto su barba de tres días. Cuando iba a dejar de mostrarse interesado por ese sujeto, giró su cabeza, le miraba, con unos ojos anaranjados, era como si le abstrayeran del mundo a su alrrededor, no sabía cuandto tiempo llevaba mirandolo, solo sabía que no podía apartar la mirada. Cuando el hombre giró la cabeza pudo volver a mirar a otro lado.
Vale, eso ha sido raro, yo me piro de aquí. ¡Camarera! la cuenta porfavor.
Ahora otro de ellos se reia, era joven y con unas pintas muy extrañas, su pelo era francamente inquietante, desordenado y largo parecía que tenía un montón de cuernos irregulares por su cabeza, pero el asunto es que su pelo tenía tres colores, estos jovenes, no saben ya ni teñirse el pelo, rojo, negro y blanco, mezclados de una manera caótica. ¿Y que me decis de las ropas? completamente zarrapastroso, camiseta grisacea con una escpecie de dibujo desgastado y con la mangas rotas, pantalones de cuadros rojizos y negros, botas negras y lleno de pulseras. No sabía que le molestaba más del joven, si su apariencia o la manera en la que se sentaba en la silla, estos jovenes...
El resto del café no parecía encontrar extraña la pequeña reunión de esos extraños, no le prestaban atención o no les alarmaba, hay que ver, a esta gente no se le puede dejar pasar desapercibida, no son de fiar. Mientras cavilaba, el tercer hombre se incorporó a la conversación, cuando él hablaba los otros dos parecían prestarle una gran atención, como algo solemne. ¿Que tendrá de solemne ese hombre? Era un hombre como encontrarías cientos en la calle, pelo corto y castaño, piel un poco bronceada, ropajes marrones un poco sucio, lo cual le daba ya mala imagen, sin añadir a esto su barba de tres días. Cuando iba a dejar de mostrarse interesado por ese sujeto, giró su cabeza, le miraba, con unos ojos anaranjados, era como si le abstrayeran del mundo a su alrrededor, no sabía cuandto tiempo llevaba mirandolo, solo sabía que no podía apartar la mirada. Cuando el hombre giró la cabeza pudo volver a mirar a otro lado.
Vale, eso ha sido raro, yo me piro de aquí. ¡Camarera! la cuenta porfavor.
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